Reseña – Kamelot «Dark Asylum» – La banda vuelven a abrir las puertas del asilo

Hablar de Kamelot a estas alturas es complicado, sobre todo para los que llevamos muchos años siguiendo a esta formación. Desde la salida de Roy Khan, la banda ha conseguido mantener un nivel bastante alto gracias, en gran medida, a la incorporación de Tommy Karevik, un vocalista que con el paso de los discos ha conseguido hacer suyo el sonido de Kamelot. Después de “The Awakening”, llega ahora “Dark Asylum”, un nuevo capítulo de esta formación que vuelve a llevarnos a ese universo oscuro, teatral y cinematográfico que tan bien conocen.
Y es que Kamelot no se conforma simplemente con hacer canciones. En este disco nos abre las puertas de RavenHill Asylum, un antiguo edificio concebido como catedral y convertido posteriormente en un lugar donde conviven ciencia, fe, locura y oscuridad. Todo ello sirve como hilo conductor para un disco que habla de miedo, esperanza, destrucción, sanación y, sobre todo, de esa lucha interna que todos llevamos dentro.
Musicalmente estamos ante unos Kamelot reconocibles desde el primer minuto. Orquestaciones, coros, guitarras poderosas, melodías muy trabajadas y la voz de Karevik como protagonista. Pero tengo que decir que en esta ocasión el componente oscuro y teatral está mucho más presente, consiguiendo una atmósfera bastante más inquietante que en algunos de sus últimos trabajos.

El disco comienza con “Sanctorium”, una intro instrumental que nos abre lentamente las puertas de RavenHill. Orquestaciones y piano para crear tensión antes de que “Ashen World” entre como un auténtico cañonazo. Un tema muy Kamelot, con guitarras épicas, doble bombo, grandes coros y la colaboración de Ignacia Fernández aportando sus voces más agresivas. Buen comienzo y, probablemente, uno de los temas que más fácilmente podría entrar en un directo.
Y entonces llega “Dark Asylum”, el tema que da nombre al disco. Aquí encontramos a unos Kamelot mucho más teatrales, con un estribillo enorme y una melodía de esas que se quedan rápidamente en la cabeza. Para mí, uno de los grandes temas del álbum.
“Sanctuary” cuenta con Clémentine Delauney e Ignacia Fernández y vuelve a jugar con el contraste entre las voces femeninas y las partes más agresivas. Un tema interesante, aunque personalmente creo que el exceso de elementos termina restándole algo de fuerza.
Después de la breve “Nocte Veritas” llega “One Last Masquerade”, donde aparece Tobias Sammet. Y aquí tengo que reconocer que la colaboración funciona realmente bien. La personalidad de Sammet encaja perfectamente con la teatralidad del tema y consigue darle ese punto diferente que siempre agradezco cuando una banda de este nivel decide incorporar invitados.
“Ivy, My Dear” supone un cambio de registro. Un tema más delicado, con elementos folk y una atmósfera mucho más relajada que sirve para respirar antes de que el disco vuelva a ponerse serio.
Y para mí es a partir de “Godlike Alchemy” donde el disco vuelve a coger velocidad. Un tema directo, con un estribillo tremendamente Kamelot y una interpretación de Karevik que vuelve a demostrar por qué fue una elección tan acertada para sustituir a Khan. “The Sleeping Mind (Orphic Paradigm)” mantiene el nivel con guitarras melódicas, batería potente y unas orquestaciones perfectamente integradas.
“Kaleidoscope” continúa por terrenos más atmosféricos y vuelve a mostrarnos esa mezcla entre Power Metal y banda sonora que Kamelot lleva tantos años perfeccionando. No inventan nada, pero lo hacen realmente bien.
“Enigma (Think of Me)” es posiblemente uno de los temas más emocionales del disco. Más oscuro, más melódico y con ese punto gótico que tantas veces ha aparecido en la trayectoria de la banda.
“Cassandra’s Disease” vuelve a endurecer las guitarras, mientras que “Beneath the Moon (Tunglið)” introduce nuevamente los elementos folk y las voces invitadas. Un tema diferente dentro del conjunto y que ayuda a que el disco no sea una sucesión de canciones siguiendo exactamente la misma fórmula.
Pincha sobre la imagen para el videoclip del tema «Godlike Alchemy»
Llegamos a “The Puppet King”, donde Kamelot recupera toda la contundencia y teatralidad. Un tema oscuro, pesado y con bastante mala leche. Y para cerrar el disco tenemos “Sanctum Requiem”, una pieza breve de piano y orquesta que funciona como epílogo de esta historia.
Después de varias escuchas tengo que reconocer que “Dark Asylum” me ha gustado bastante más de lo que esperaba. Kamelot sigue teniendo algo que muchas bandas del género han perdido: una identidad propia. Puedes escuchar unos segundos y sabes perfectamente que estás ante ellos.
Pero también tengo que poner un pequeño pero. En algunos momentos tengo la sensación de que hay demasiados elementos: orquesta, coros, invitados, voces agresivas, partes folk, cambios de ambiente… El disco quiere contar muchas cosas y en determinados momentos da la impresión de que la producción está por encima de las propias canciones. Es el riesgo de hacer un álbum tan ambicioso.
Aun así, el resultado final es bastante sólido. Tommy Karevik está espectacular, Youngblood continúa sacando riffs y melodías de donde parece que ya no quedan, y la producción de Sascha Paeth vuelve a estar a la altura.
Personalmente me quedo con “Dark Asylum”, “Ashen World”, “Godlike Alchemy” y “One Last Masquerade”, aunque creo que el disco gana cuando se escucha completo y siguiendo la historia que propone.
Definitivamente estamos ante unos Kamelot que no necesitan demostrar nada a estas alturas. Quizás “Dark Asylum” no llegue a las cotas de sus obras más míticas, pero sí demuestra que todavía tienen cosas que contar y, sobre todo, que siguen teniendo ganas de hacerlo.
Un buen disco, oscuro, teatral y muy Kamelot. Y después de tantos años, eso ya es mucho decir.
Un saludo.
Fdo: Abbatttthhhhh

