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[Reseña] Los Enemigos «Canciones Chulas» – Rock And Roll, cristales rotos y alguna que otra catástrofe doméstica

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LOS ENEMIGOS

CANCIONES CHULAS

Sello: Mushroom Pillow

Fecha de publicación: 2 de octubre de 2026

Duración: 34:20

Número de canciones: 11

Producción: Carlos Hernández

Formación: Josele Santiago (voz y guitarra), Fino Oyonarte (bajo), Chema «Animal» Pérez (batería) y David Krahe (guitarra).

Tracklist: Canciones chulas · Miss Dinamarca · El próximo vals · ¡Bum! · En alguna realidad · Isla · Luz de dos lunas · Rumbo al sol · Puto blues · Pájaro ciego · Mil condenas.

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ROCK AND ROLL, CRISTALES ROTOS Y ALGUNA QUE OTRA CATÁSTROFE DOMÉSTICA

Hay grupos que cumplen cuarenta años y empiezan a comportarse como si fueran a recibir el Nobel de la Música por haber sobrevivido a los excesos de la juventud. Se ponen trascendentes, publican fotos en blanco y negro y descubren que la vida es un viaje. Los Enemigos, por suerte, siguen prefiriendo el bar, la mala leche y las preguntas sin respuesta. Canciones chulas llega seis años después de Bestieza para demostrar que hacerse mayor no obliga a cambiar el rock por una charla motivacional.

La canción titular abre el disco con una declaración de principios: ternura, macarrismo y metáforas que parecen redactadas por un poeta encerrado en un ascensor con una botella de anís. «La cerradura se la suda al joven ciclón» no necesita traducción simultánea. Basta con dejarse llevar por esa poesía torcida, callejera y extraordinariamente imaginativa. «Miss Dinamarca» baja la luz y despliega una melancolía deliciosa, de esas que te hacen mirar por la ventana como si acabaras de perder una guerra sentimental.

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«El próximo vals» recupera el nervio roquero y un aroma decadente que puede hacer pensar en Surfin’ Bichos. La humanidad parece empeñada en repetir sus desastres con la disciplina de una academia de baile. En «¡Bum!», el apocalipsis se transforma en un tebeo de Bruguera, con Tarzán, Tintín y un futuro que parece haberse comprado el disfraz en un bazar. El mundo se va al carajo, pero aquí hasta el fin del mundo tiene sentido del humor.

«En alguna realidad» encuentra una esperanza pequeña, casi clandestina, mientras «Isla» y «Luz de dos lunas» se adentran en territorios oníricos, oscuros y poéticos. Hay minerales cristalizados en días de perros, luces que seducen y visiones que no vienen con manual de instrucciones. Las metáforas no son un adorno: construyen paisajes emocionales enteros. La poesía de Los Enemigos tiene algo excepcional, esa capacidad de hacer que una imagen insólita parezca inevitable y que una frase absurda te acompañe durante días.

«Rumbo al sol», con Fino a la voz, aporta un rocanrol directo y cálido que recuerda que todavía se puede apostar por el amor sin contratar a un gurú del crecimiento personal. Y cuando empezábamos a ponernos tiernos, «Puto blues» nos sacude la dentadura: una autopsia de la rebeldía, una demolición del rock convertido en baile de salón y una invitación a reírse hasta del mismísimo 666. El sarcasmo es afilado, pero también hay una mirada lúcida sobre el paso del tiempo y las poses que sobreviven a aquello que les daba sentido.

«Pájaro ciego» recupera la belleza y el descreimiento. «Pájaro ciego, pluma en el suelo»: pocas palabras bastan para resumir una vida en la que uno sigue avanzando sin tener demasiado claro hacia dónde. Y el cierre, «Mil condenas», nos presenta a alguien que prefiere volver a prisión antes que enfrentarse a la maravillosa libertad de buscarse la vida. El chiste es tremendo; lo que cuenta, bastante menos. Hay quien cumple condena y quien termina echando de menos la celda. La realidad, esa señora tan poco graciosa, vuelve a ganar por puntos.

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La gracia del disco está en el equilibrio. Los Enemigos alternan electricidad, crudeza y delicadeza sin convertirse en una banda de veteranos haciendo horas extra. La interpretación colectiva sostiene tanto los rocanroles más directos como los pasajes más introspectivos, y la producción mantiene el sonido firme y orgánico. No todas las canciones golpean de la misma manera, pero el conjunto tiene personalidad, riesgo y una coherencia que no necesita subrayarse con rotulador fluorescente.

Canciones chulas no es un monumento a la nostalgia ni una colección de viejas glorias. Es un disco de rock sobre el tiempo, la derrota, el amor, la muerte y esa costumbre tan humana de meter la pata y volver a meterla con entusiasmo. Sobre todo, es un disco escrito con una imaginación desbordante: sus metáforas, su poesía torcida y su humor negro consiguen que lo cotidiano se vuelva extraño y que lo extraño termine hablando de nosotros.

La vida no mata siempre de golpe. A veces te pone un vals, te ofrece un blues y te pregunta si quieres volver al penal.

Los Enemigos piden otra ronda.

Y nosotros también.


Texto: Edu Conde España