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Reseña – Audrey Horne «Achilles» – Virtuosismo, eclecticismo y corrección nórdica

Unnamed

Napalm Records · 2026 

Toschie: voz
Ice Dale: guitarra
Thomas Tofthagen: guitarra
Espen Lien: bajo
Kjetil Greve: batería

Hay discos que te invitan a sentarte, encender una vela y reflexionar sobre la fragilidad del ser humano. Achilles, el octavo álbum de Audrey Horne, prefiere abrirte una cerveza con los dientes, subirse a una furgoneta sin ITV y preguntar después hacia dónde demonios vamos.

 Publicado por Napalm Records el 4 de septiembre, llega con once canciones y una idea bastante clara: mantener intacto ese amor por el rock clásico mientras se permite unas cuantas excursiones fuera del camino.

La banda noruega sigue instalada cómodamente entre los setenta y los ochenta, con Thin Lizzy, AC/DC, Led Zeppelin y Iron Maiden haciendo cola en la puerta.

 No hay aquí revolución sonora ni necesidad de inventar un género nuevo.

 Hay riffs, estribillos, guitarras gemelas y Toschie cantando como si estuviera a punto de cometer una pequeña ilegalidad. Y, sinceramente, a veces eso es exactamente lo que necesita el mundo.

Unnamed (2)

El tema titular abre el álbum con bastante más ambición de la esperada. “Achilles” arranca como un misil de hard rock, se vuelve melancólica e introspectiva, coquetea con el rock progresivo setentero y termina desembocando en guitarras que parecen haber escapado de una furgoneta de Iron Maiden

Es una buena tarjeta de presentación porque enseña varias de las caras que encontraremos después.

Pero entonces llegan los auténticos saqueadores de cerebros. “In the Eye of a Hurricane” es Audrey Horne en modo estadio: descarada, enorme y con un estribillo diseñado para ser berreado por quinientas personas con una cerveza en la mano. 

Hay incluso un pequeño fantasma de “Eye of the Tiger” haciendo abdominales bajo la superficie.

Vampires” cambia las reglas. No necesita épica ni fuegos artificiales. Le basta un riff contagioso, un estribillo de esos que entran por la oreja y una melodía que se instala en tu cabeza, cambia la cerradura y deja de pagar alquiler. 

Me flipa. 

Es probablemente uno de los grandes caramelos del disco y, de momento, uno de sus mejores ejemplos de cómo Audrey Horne puede hacer que la sencillez parezca una virtud.

Y entonces aparece “God Damn Beautiful”, que directamente trae a Thin Lizzy de acompañante.

 Guitarras melódicas, groove elegante y un estribillo peligrosamente pegadizo. La sorpresa es que aquí Espen Lien abandona temporalmente el bajo para ponerse al frente del micrófono, y lo hace con tanta naturalidad que casi parece que siempre haya estado ahí.

 El tema tiene madera de single enorme y, en un universo mínimamente justo, debería sonar mucho más de lo que probablemente vaya a sonar en la radio.

Pretty Little Lies” cambia completamente la iluminación del local. Rock sureño, grunge, guitarras que se van espesando y un Toschie mucho menos pendenciero, más vulnerable.

 La canción crece lentamente hasta convertirse en una pieza emocionalmente bastante más contundente de lo que parecía al principio. 

Y justo cuando empieza a pedir más minutos, aparece “Prodrome”, un interludio acústico de apenas un minuto que funciona como puente entre las dos caras del álbum. 

Bonito, sí; imprescindible, quizá no.

La segunda mitad demuestra que Audrey Horne todavía tiene gasolina.

 “Insanity” vuelve con furia, guitarras gemelas y un estribillo infeccioso, mientras “Hell Is Eternity” parece haber metido a Iron Maiden en un bar, haberles dado unas cuantas copas y haberles pedido que tocasen hard rock. El resultado es tan poco sobrio como divertido.

El problema aparece después. 

Six Feet in the Ground” es correcta, está bien tocada y tiene un buen trabajo de guitarras, pero resulta demasiado previsible después de semejante colección de ganchos.

 “Running Through the Night” tiene más personalidad: empieza con un aroma a Helloween y acaba entrando en territorio ZZ Top, como si alguien hubiera cambiado de carretera sin avisar.

 El experimento funciona, aunque no termina de dejar una canción memorable.

Y llegamos a “New Star Falling”. No es un mal tema. Ni mucho menos. Tiene melodía, cierta melancolía y un tramo instrumental estupendo.

 Pero aquí aparece una duda importante: ¿de verdad era esta la canción con la que había que terminar?

 Porque el problema no es que sea floja, sino que no parece un cierre. Baja el telón y uno se queda mirando hacia el escenario esperando todavía otra canción.

AUDREY HORNE – God Damn Beautiful (Official Video) | Napalm Records

Achilles es, en conjunto, ligeramente superior a Devil’s Bell, aunque sigue sin alcanzar la pegada monumental de Youngblood

Sus mejores canciones están demasiado concentradas en la primera mitad y algunos cortes finales no consiguen mantener la misma capacidad de impacto.

 Aun así, sería absurdo negar que Audrey Horne continúa siendo una banda tremendamente disfrutable.

Porque aquí está la cuestión:

 Audrey Horne sabe perfectamente qué música quiere tocar y la toca de maravilla. Toschie sigue siendo uno de esos vocalistas que pueden darle personalidad incluso a una canción menor, las guitarras de Ice Dale y Thomas Tofthagen viven permanentemente en algún lugar entre Thin Lizzy y Maiden, y la base rítmica de Espen Lien y Kjetil Greve mantiene el aparato funcionando con una solvencia insultantemente nórdica.

Quizá Achilles peque precisamente de eso: de estar demasiado bien hecho.

 Virtuoso, variado, profesional, melódico, perfectamente producido.

 A veces uno querría que Audrey Horne se equivocara un poco más, que se manchara las manos y dejara alguna esquina rota.

Pero luego entra “Vampires”, suena ese riff, Toschie abre la boca y ya está. Se acabó la discusión.

Cerveza. Guitarras. Audrey Horne. Otra vez.

Texto: Edu Conde España