[Crónica] Sôber presenta su nuevo disco «Anandamina» en la sala París 15 de Málaga
Hay conciertos que se viven como una celebración colectiva y otros que dejan sensaciones diferentes según desde dónde se miren. Lo de Sôber fue una demostración de oficio, calidad instrumental y solvencia escénica, con una diferencia clara entre quienes ya conocían bien a la banda y quienes nos acercamos a ella por primera vez.
Con una sala que superaba las 600 personas, la expectación ante el nuevo disco se hacía evidente. La caja de música comenzó a sonar, creando esa atmósfera de intriga que precede a los grandes arranques. La pregunta flotaba en el ambiente: Are you ready?
La respuesta llegó con «Mi Refugio», el primer tema de la noche, seguido de «Una Hora Más» y «Fantasma». Una apertura que sirvió para poner en marcha la maquinaria y demostrar desde el principio que el sonido iba a estar a la altura. El público fue entrando en calor mientras la banda desplegó un repertorio que, como comprobaríamos después, no se limitaba a presentar su material más reciente, sino que buscaba recorrer buena parte de su trayectoria.
Y aquí encontramos uno de los grandes aciertos del concierto: un setlist pensado para sus seguidores, con una mirada amplia a la historia de Sôber y una selección que demuestra conocimiento de su propio legado. «La Araña», «Eternidad», «Oxígeno», «Anandamina», «Tic Tac» y «Encadenado» fueron dando forma a un recorrido que alternaba diferentes etapas y sensibilidades de la banda. A ello se sumaron «Dile al Miedo», «Papel Mojado», «Superbia» y el bloque de «Eclipse» con «Estrella Polar», que contó con la colaboración del cantante de Flores del Infierno.
La selección transmite coherencia y, sobre todo, respeto por quienes llevan años siguiendo al grupo. No parece un repertorio construido únicamente para promocionar un disco, sino una propuesta que reconoce el vínculo de Sôber con sus fans y les ofrece canciones de distintas épocas. Para el seguidor habitual, hay motivos de sobra para disfrutar y reencontrarse con temas que forman parte de su propia historia musical.
La banda, además, tiene una movilidad brutal sobre el escenario. Se mueve con naturalidad, ocupa cada rincón y transmite la seguridad que solo dan los años de experiencia. Hay presencia, actitud y una ejecución instrumental de primer nivel. Sin embargo, para quienes asistimos por primera vez a un concierto de Sôber, la experiencia resultó menos reveladora. La calidad estaba ahí, pero faltó ese momento capaz de romper la distancia y convertir la curiosidad inicial en auténtica admiración.
Quizá los medios tiempos dificultaron que la intensidad fuera creciendo de manera constante. El concierto avanzaba con solvencia, aunque sin terminar de provocar esa eclosión que permite que alguien ajeno al universo del grupo se sienta atrapado por completo.
La parte instrumental tuvo también su espacio con el solo de batería y, más adelante, el solo de guitarras. Recursos que permiten a los músicos mostrar su técnica y personalidad más allá de las canciones, aunque su efecto depende mucho de cómo se integren en el desarrollo general del espectáculo.
En este apartado merece una mención especial Jorge Escudero, a la guitarra. Su trabajo aporta personalidad y contundencia al conjunto, y su presencia sobre las tablas es uno de los puntos fuertes de la actuación. La guitarra sostiene buena parte de la intensidad de los temas y contribuye a trasladar al directo la identidad sonora de Sôber.
El repertorio continuó con «Mi Heroína», «Arrepentido», «Improvisación» y «El Hombre de Hielo», antes de encarar otra parte especialmente atractiva para los seguidores: «El Beso de Judas» y «Diez Años». Una sucesión que refuerza esa sensación de repaso generacional, de banda que no reniega de su pasado y que entiende que su historia musical es parte fundamental de lo que representa hoy.
La recta final tuvo en «Indestructible» uno de sus grandes triunfadores. Un tema con la fuerza necesaria para levantar el ánimo y recordar la capacidad de Sôber para conectar con su público cuando las canciones y la energía escénica se alinean. Fue uno de los momentos más convincentes de la noche y una buena muestra de la contundencia que la banda puede desplegar en directo.
Después llegaron «Náufrago» y «Loco». Y es precisamente aquí donde aparece uno de los aspectos más difíciles de encajar de toda la actuación.

La interpretación de «Loco», con la presencia del batería como único músico en la sala, planteó una performance que, al menos desde mi perspectiva, resultó difícil de comprender dentro del desarrollo del concierto. No se trata de cuestionar la libertad de una banda para experimentar con su puesta en escena, sino de preguntarse qué aporta una decisión de este tipo al conjunto del espectáculo. Después de un repertorio construido con coherencia, que repasaba su trayectoria y mantenía una conexión evidente con sus seguidores, este cierre dejó más interrogantes que emoción. Una apuesta escénica cuya intención no terminé de entender y que, personalmente, no me pareció el desenlace más acertado para la noche.
En definitiva, un bolo correcto, con una gran banda, un sonido impecable y un setlist que demuestra respeto por su trayectoria y por sus seguidores. Sôber cumplió con argumentos de sobra para satisfacer a sus fans, que disfrutaron de un recorrido amplio por su discografía. La selección de canciones fue, probablemente, uno de los mayores aciertos de la velada.

Mi impresión, sin embargo, fue diferente. Para quienes nos acercamos por primera vez a su directo, la calidad instrumental y la profesionalidad resultaron incuestionables, pero faltó ese factor diferencial que transforma una buena actuación en una experiencia inolvidable. Y la performance final de «Loco» tampoco ayudó a cerrar el concierto con la claridad que cabría esperar.
Sôber tiene repertorio, experiencia y músicos capaces de defenderlo con solvencia. Sus seguidores encontraron motivos para disfrutar; quienes llegábamos sin ese vínculo previo nos llevamos una actuación correcta, aunque sin la sorpresa que esperábamos.
Al final, la sensación es clara: un concierto pensado para quienes ya forman parte del universo Sôber, con un recorrido musical coherente y un homenaje a su propia historia, pero que no terminó de conquistar a quien todavía estaba esperando descubrir qué hace especial a la banda sobre un escenario.
Texto: Abaaaathhh
Fotos: Lucas Britez






